Catalina P. - 2da Parte

Catalina consiguió cambiar su forma de sentir, pensar y vivir,

aquí la segunda parte de su historia.

Empecé a buscar ayuda por medio de la televisión alemana y suiza. Pero ellos no me pudieron ayudar por la falta de datos y fotos. Curiosamente, dos años después, en 2015, me gané dos tickets de avión para volar al país de mi elección y me fui con mi esposo a Colombia.

Regresé a mi patria, después de estar ausente por 36 años, y apenas aterrizó el avión, sentí una explosión dentro de mi corazón; esa sensación jamás la había sentido ni la volveré a sentir. Era la certeza de estar en MI PAÍS y para mi era muy claro: estaba en casa.

Me reencontré con mi amiga de la infancia – Angela – y era como si jamás nos hubiésemos separado. Hasta hoy somos muy unidas y muy parecidas, esa es otra gran joya que me re-gané al regresar a mi país de origen. Descubrí, muy asombrada, que los colombianos somos gente muy cariñosa, y entendí por qué yo soy como soy. Qué revelación más bella que tuve.

En el año 2018, a mis 48 años, y antes de volver a viajar a Colombia de vacaciones por tercera vez, decidí tomar las riendas en mis manos y contacté a la televisión y radio colombiana, para hacer una entrevista que me podría ayudar a encontrar a mi familia. Y así me encontró mi prima Nidia. Ella me vio por TV y se comunicó inmediatamente conmigo. Ese mismo día nos encontramos y sentimos que éramos familia. Los pocos datos que yo tenía y sabía de mi madre, coincidían con los de su tía Arcelia. Lo único que ella no sabía, era que yo existía. Nidia me contó que su tía, Rosa Arcelia, había muerto en 1980, y eso me desgarró el corazón.

En ese momento se me vino el mundo encima. Me desmoralicé al entender que nadie sabía de mi existencia. Yo creí – toda mi vida – que mis hermanas y familiares si lo sabían. Al día siguiente me encontré con toda su familia, mis ocho primos y mi tía Rosita. Pero tampoco nadie de ellos sabía algo de mis hermanas porque ellas se habían ido a vivir a otro lado unos 30 años atrás, y perdieron contacto.

Regresé a Suiza, muy impactada por estas revelaciones y encuentros, y sentí inmediatamente que yo ya no era la misma persona que tres semanas antes había abordado el avión para ir a Colombia. Empecé a sentir que estaba viviendo una gran mentira. Empecé a observar y tomar en cuenta, con todos mis sentidos, mi alrededor, mi vida y mi forma de ser, y sentí muy profundo dentro de mi, que esa persona no era yo.

Sentí una profunda necesidad de cambiar mi vida. No tenía ni idea qué era ni cómo era lo que tenía que cambiar, pero al tomar yo esta decisión, el universo me abrió los brazos y encontré a mi primer Coach. Me aventé a trabajar con ella por un año y lentamente empecé a desahogarme de todos los sentimientos de víctima y sufrimiento que llevaba dentro de mi. Después de nueve meses dejé de llorar, y en ese momento comprendí que por fin estaba pasando algo dentro de mi: estaba sanando.

Mi Coach me impulsó a buscar grupos de personas adoptadas. Lentamente me acerqué a otros adoptados y caí en la cuenta de que yo no era la única que no encajaba en el mundo, sino que éramos TODOS los adoptados que no encajábamos. Esta gran revelación me llevó a entender sobre el trauma de abandono (o la herida del abandono). Un gran ‘WOW’ se abrió dentro de mi corazón y empecé a ver y entender. Aprendí a ser mucho más cariñosa conmigo misma. Entendí que no era mi exterior el que tenía que cambiar, sino MI FORMA DE PENSAR Y SENTIR, lo cual atraía todas las desgracias.

Me leí muchísimos libros de apoyo y de crecimiento personal. Empecé a descubrir nuevas terapias de todo tipo, mientras yo seguía sanando y dejando atrás todo ese odio y dolor que sentía.

Gracias a mi perseverancia empecé a cambiar muchísimo. Y por ley universal, también cambió mi ambiente, mi alrededor y mis amigos. Intensivamente fui dejando atrás patrones y sobre todo creencias que no eran ni mías, y que no me servían, que más bien me retenían de vivir libre y en paz.

A finales de ese año, 2019, me avisa mi abogada en Colombia, que mis papeles ya estaban listos, ya podía ir por mi pasaporte y cédula colombiana.

En Enero del 2020, mi esposo y yo decidimos viajar nuevamente a Colombia por 10 días. Yo aproveché el viaje para participar de mi primer curso en vivo con el Dr. Joe Dispenza en Bogotá, e hicimos citas para hacer los trámites.

Al día siguiente de nuestra llegada a Bogotá encontré a mis dos hermanas, de casualidad, en cuestión de tres horas y sin hacer mucho por mi parte. Esto fue, una vez más, gracias a la perseverancia de Nidia y mía, y gracias al universo que decidió gratificarme por mi trabajo interno. Este evento no se puede explicar de otra forma, porque tantas casualidades juntas no pueden pasar así nomás.

Una semana más tarde me encontré físicamente con dos hermanas biológicas. Nos abrazamos las tres y sentí una paz profunda dentro de mi (más detalles puedes encontrar pronto en mi biografía).

En ese instante dejé de ser el secreto de una vez por todas. Y este ha sido mi aporte más simbólico a la sanación de la familia Medina López, y también de la familia Pfranger, porque irónicamente mis dos familias, sobre todo la familia de mi papá (adoptivo), era idéntica a la familia Medina.

Me he reconciliado conmigo misma y con mis padres. Hoy, entiendo que todos ellos hicieron en su momento, lo que ellos creían que era lo mejor para mi. Hoy entiendo que si no sano yo, este trauma seguirá viviendo en mis familias, se pasará a los hijos y así sucesivamente. No fue para nada fácil, como todas las personas en transformación lo mencionan. Muchas veces caí nuevamente, y quise mandar ‘a sembrar papas’ a todo el mundo. Pero aguanté, reflexioné y sobre todo: acepté ayuda ajena.

También aprendí que si le pones a un bebé el mismo nombre que tiene la mamá o el papá (o un pariente), automáticamente le estás traspasando los traumas de esa persona (Epigenética y Constelaciones Familiares).

Yo tomé la decisión de vivir en gratitud y en paz, más que en odio y con ira. Tomé la decisión de no vivir más en el victimismo, porque de nada me sirve, y simplemente me enferma.

Hoy soy Mentora de Reconciliación Personal, porque viví en carne propia la profunda importancia de re-conectarme con mi amor propio y reconciliarme, primero conmigo misma, y luego con mis familias. El resentimiento y el culpar a los demás de mis desgracias, no me llevó a nada, solo a ser antipática y a atraer a mi vida circunstancias y gente negativa.

Foto de Catalina Pfranger de adulta

En mi biografía, mi historia también vendrá escrita desde una perspectiva diferente, ya que he explorado la espiritualidad, la física cuántica, la neurociencia, la química cerebral, la biología y la epigenética, las « Constelaciones Familiares » de Bert Hellinger, « La teoría del apego » de John Bowlby, «La vida secreta de familia » de Evan Imber-Black, «Psicología del bebé adoptado » de Montse Lapastora. También el trabajo científico del Dr. José Dispenza, Bruce Lipton, Greg Bradon y muchos otros extraordinarios expertos.

Le doy gracias a las cuatro personas envueltas en mi historia de vida, porque sin ellos, yo no sería la persona que soy hoy. Y me doy gracias a mi misma por haber persistido y por ahora sentir esta paz profunda dentro de mi.

Y si yo lo logré, tú también lo puedes.

Empiezo por mi, te abrazo.

Catalina.

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