Lúcida

Para los hijos adoptivos, el viaje nunca termina. Evoluciona, gira y gira, pero nunca termina.

Me reuní con mi familia biológica en Taipéi, Taiwán, en Enero del 2012, durante el Año Nuevo Lunar. Me cuesta expresar lo importante que fue este evento y por qué cambió tanto mi vida. Conocí a mis dos hermanas biológicas, mayores que yo, sus cónyuges, mi hermano mayor, mis sobrinas y sobrinos, y nuestro tío, el patriarca de nuestra familia. Lamentablemente, no tuve la oportunidad de conocer a mis padres biológicos, ya que ambos habían fallecido unos años antes. Supe que mi padre biológico se murió casi al mismo tiempo que mi madre adoptiva.

Mientras crecía, nunca pensaba en buscar a mi familia biológica. Mis padres adoptivos escondieron mi legajo de adopción, los cuales descubrí después de que mi madre adoptiva falleció. Mi legajo de adopción contenía información muy distinta a lo que mi madre adoptiva me había dicho. Hasta el día de hoy, me pregunto si me mintió sobre mi pasado. Después de descubrir la verdad, empecé a tener una curiosidad insaciable. Comencé a buscar respuestas. Eso me llevó a una búsqueda de mi familia biológica que duró 3 años.

El dibujo de arriba es una imagen de mi madre biológica. Mis hermanas biológicas me dieron una foto de nuestra madre cuando volví a Taiwán, pero ella era más grande cuando se tomó la foto. Mis hermanas me dijeron que me parezco a ella cuando era joven. Desafortunadamente, ya no tenían fotos de nuestra madre cuando ella era una mujer más joven. Con lo cual, no me quedó otra que usar mi propia imaginación idealizada e intuición creativa.

Para quienes somos hijos adoptivos, el viaje nunca termina realmente. Evoluciona, gira y gira, pero nunca termina.

MJ es hija adoptiva transracial, escritora, pianista y artista. Escribe un blog en donde comparte sus obras de arte, Artful Adoptee.

Podés seguirla en